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En virtud de la calidad que atesora y de las múltiples particularidades que presenta, el Melocotón de Calanda puede considerarse como uno de los productos más singulares de la despensa turolense.
En primer lugar, todos los melocotones certificados por la Denominación de Origen pertenecen a la variedad autóctona "amarillo tardío", un melocotón que se recolecta entre finales de septiembre y finales de octubre y que apenas dura en los mercados unas pocas semanas, por lo que termina convirtiéndose en una pieza muy codiciada que solamente puede consumirse de año en año.
Al margen de su genética, los rasgos que diferencian a este melocotón son su particular color amarillo crema, sin marcas ni impurezas que alteren su aspecto, rasgos resultantes de un proceso de maduración homogénea. Por otra parte, resulta un melocotón de tamaño más que generoso, con un calibre mínimo de 68 mm. y una carne que se caracteriza por su dureza al tacto. En lo que se refiere al sabor, es un melocotón especialmente dulce.
La preservación de estas cualidades recae en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Melocotón de Calanda, desde su creación, en 1999, ha logrado mantener una producción constante que ronda los cuatro millones de kilos al año, posicionándose tanto en el mercado nacional como en el resto de Europa, especialmente en paises como Italia o Alemania, donde el Melocotón de Calanda resulta un producto muy conocido y demandado.
¿SABÍAS QUE...? ACLAREO Y EMBOLSADO
Dos de los procesos que hacen exclusivo al Melocotón de Calanda son el aclareo y el embolsado, técnicas tradicionales de producción hortofrutícola que aseguran la máxima calidad del producto final.
El aclareo consiste en quitar del arbol, previamente al inicio del periodo de maduración, hasta un 70% del total de los frutos, con los que los restantes alcanzan un tamaño y calidad organoléptica muy superior al conseguido en circunstancias normales.
Por su parte, el embolsado implica cubrir cada melocotón durante los meses de junio y julio -cuando el fruto todavía está madurando- con una bolsa de parafina, que lo preserva de insectos y enfermedades, durante, al menos nueve semanas. Así no sólo se evita la necesidad de utilizar productos fitosanitarios que alteren la calidad de la fruta, sino que se favorece su óptima maduración y desarrollo gracias a las particulares condiciones de temperatura y humedad que se crean.
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