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La nómina de pastas, dulces y repostería artesanal elaborada en la provincia de Teruel es tan rica y variada como lo son sus hornos y obradores, y es que prácticamente en cada pueblo podemos encontrar ejemplos de dulces con identidad propia.
Ahora bien, son dos los aspectos que unen y dan homogeneidad a este amplio abanico: la utilización de materias primas propias del terreno y un gusto especial por conservar la tradición heredada de generación en generación.
En lo que respecta a la primera de las características, en el obrador de cualquier horno turolense no faltan los frutos secos principalmente las almendras, la miel, las mermeladas de frutas, los huevos, los aguardientes y vinos dulces y, por supuesto, la mejor de las harinas y el aceite de oliva. En definitiva, productos que por separado pueden resultar humildes pero que, en conjunto, dan lugar a suntuosos dulces y pastas tales como los almendrados, las tortas de alma y tortas de anís, mantecados, turrones artesanales, mostachones, almojábanas y un larguísimo etcétera.
Y la tradición no solo se conserva en lo que respecta a su receta de elaboración, sino también a las tradiciones que acompañan a su consumo, ya que muchos de estos ejemplos de pastelería artesanal se disfrutan exclusivamente en una fecha concreta del año, a menudo una festividad de carácter popular, ya sea esta religiosa, pagana o resultante de la mezcla de ambas.
¿SABÍAS QUE...? EL ALMA DE LA PASTELERÍA
Una de las especialidades más reconocidas de la repostería tradicional turolense son las "tortas de alma", elaboradas con harina de trigo, azúcar, aceite de oliva, anís, mistela y "alma", una mermelada de calabaza elaborada exclusivamente con azúcar y miel. Con todos estos ingredientes, las tortas presentan una forma de media luna, recubierta de azúcar en grano. Su textura es homogénea en el exterior, mientras que el "alma" aporta un sabor y un color consistente y característico.
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